Cómo escribir acerca de un ama de casa

Decálogo

Una buena novela se soporta en los detalles. En ellos aparece nuestro personaje, como una tramoyista que sostiene la casa para que los verdaderos héroes puedan desarrollar su rol dentro de la trama. Me explico: Los personajes secundarios son planos; no piensan y viven una rutina que sirve de escenario. La casa y el ama son el telón de fondo para desarrollar los verdaderos acontecimientos.

A continuación enumeraré algunos rasgos que se deben tener en cuenta a la hora de dibujar a nuestro personaje:

Primero: Al nombrar al ama de casa debe sobreponerle un “Doña” como una corona para que el personaje esté contento y sea más creíble. Ese título le da un delicado brillo que no opaca a los protagonistas. También debe usarse un lenguaje incluyente, para que su novela sea aplaudida por mujeres y hombres, y todos por igual.

Segundo: Vístala con un delantal, unas chancletas y unos rulos. Doña Florinda, aunque no fue la pionera, marcó un quiebre en el cerebro de todos los niños que, en ella, han encajonado a sus madres y que, al crecer, han labrado ese hogareño molde para acomodar a sus esposas.

Tercero: Ellas no hablan: rezongan, refunfuñan, cantaletean, rumian… en fin, emiten sonidos guturales ininteligibles que, acompañados del ruido de una aspiradora o una licuadora, permiten al lector una pausa para pensar.

Cuarto: El ama de casa es la primera en levantarse y la primera en ir a la cama, pero no necesariamente para dormir, generalmente se queda despierta esperando a que su marido o sus hijos terminen de llegar. Ella disfruta viendo al rebaño pastando en su mesa. Estas Doñas asumen la casa por cárcel con un sospechoso placer. Resignadas, viven esa condena privadas de la libertad que los demás disfrutan al otro lado de la puerta. El masoquismo sustenta el personaje hasta la última línea.

Quinto: El tedio y la rutina marcan el compás con el que se mueve el personaje a través de toda la novela. No deje que se altere ese ritmo que, como un reloj, marca con sus acciones cada hora del día. Me explico: “Doña Ana agita la escoba por cada rincón de la casa” esta es una forma más elaborada para decir que son las ocho de la mañana. Recursos que un buen novelista no debe desperdiciar.

Sexto: Las amas de casa ven telenovelas y escuchan música para planchar. Adoran a los cantantes italianos y a los actores mexicanos. Se llenan en el día tarareando canciones atentas a los intrincados amores de la televisión, pero en la noche les llega la inapetencia y ante la solicitud del cumplimiento de los deberes conyugales, siempre interponen dolores de cabeza.

Séptimo: La religión es uno de los recursos a tener en cuenta. Ella va a misa y nombra a Dios y a la Virgen (con mayúsculas) en sus vánales diálogos. “¡Por Dios!” “eh… Ave María” “¡Que Dios nos ampare!” “Virgen Santísima”. Claro que después del cielo viene el infierno, y puede decir cosas como: “Maldita sea” “¡Lárguese a los infiernos!” “váyanse al Diablo!”… Expresiones que le pueden dar complejidad al personaje. Estas contradicciones en las manos hábiles de un escritor pueden redondear el personaje sin desdibujar su planicie.

Octavo: El intelecto de un ama de casa se contiene en una pañoleta. El pelo debe ser domesticado con pinzas, secadores y tintes. Ahí no se detienen sus habilidades mentales, ellas no lo saben, pero el escritor debe saber (porque Hemingway ya lo dijo cuando nombro la parte inferior del iceberg) que en la cocina, donde hay recetas, calor y frio, se ponen a prueba toda las teorías físicas y químicas que rigen el universo. El novelista también puede hacer lucir a su personaje desgastando sus escasas neuronas con algunos ejercicios de matemáticas mientras teje o, mejor aún, cuando multiplica una receta para atender a una visita.

Noveno: Es una artesana (no una artista, porque eso es para los personajes redondos). Ella sabe arreglar un florero, distribuir los adornos en una mesa, seleccionar y combinar cortinas, manteles y alfombras… en fin, el ama de casa hace que todo armonice para que los demás personajes vivan en un escenario estético.

Decimo: Sea muy cuidadoso a la hora de incorporar elementos tecnológicos dentro de la trama. Ella se limita a manejar los artefactos que, como extensiones de sus manos, faciliten las tareas del hogar. Añádale también, un teléfono, una radio y un televisor. Pero tenga cuidado; el ama de casa no es compatible con un computador. En el momento en que ella ose poner un dedo en una de sus teclas, perderá a su personaje y por lo tanto su novela se quebrará por la verosimilitud y tomara visos de ciencia ficción.

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Si usted decide romper el estereotipo, arriesga el éxito de su novela cayendo en un género menor. El ama de casa, como personaje central y protagónico, se agota rápidamente y se degenera en un cuento.

Ana María Cadavid M.

(Ama de casa y escritora de cuentos)

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