Un pálpito en los dedos
Chiquita creía en tres cosas: el Niño Dios, el Ratón Pérez y mi papá. La vida caminaba tranquila y sólo conocí el miedo cuando en el colegio leímos lo del camello y la aguja; esa terrible parábola que sentencia que un rico no podrá entrar al reino de los cielos.
Y yo era rica. Mi papá decía que vivíamos en la mejor casa del mundo. Cuando terminaba de almorzar se llenaba la boca declarando que era lo mejor que se había comido en la vida, y acariciaba el carro porque jamás nos dejaba tirados.
Cumplí siete años y descubrí el valor del dinero: un diente, un billete. El Ratón Pérez me enseñó que nada en la vida es gratis y mis dientes eran las joyas que él compraba. El sabor de la sangre y el dolor de la muequera eran compensados por el gusto de sentir el billete en el bolsillo.
Esa navidad esperaba que el Niño Dios me trajera una casita de muñecas. El 24, después de almuerzo, nos montamos al carro y abandonamos la casa. Mis papás y yo fuimos invitados a Betania, la finca de Nena, la tía de mamá.
Adormilada, sentí cuando nos aproximamos a la base de la loma. Mi papá desaceleró y después, a toda velocidad, voló hasta coronar la portada. Nadie oyó el pito con que avisó nuestra aparición. Nos bajamos y en el parqueadero pasé los dedos por un hermoso carro negro con aritos plateados. La tía Nena estaba en el corredor. Con los ojos entrecerrados me examinó. Me dijo que por fin estaba creciendo, le sonreí pero entonces agregó que seguía igual de flaca y que además estaba mueca.
La casa tenía guirnaldas rojas en los barrotes de las ventanas. Todos, los grandes y los chiquitos, revoloteaban entre bandejas de buñuelos y natilla. Mamá me dijo que nosotros éramos los primos segundos y mi papá me explicó, en secreto, que era como tener un cachito de pedigrí.
Fui a recorrer la casa. Adentro, junto a una chimenea, descubrí el árbol de navidad. Un verdadero pino de bosque. Me acerqué. Era tan grande que la estrella dorada acariciaba el techo. Mis ojos saltaban intermitentes de una rama a otra, de un adorno a otro. Debajo del árbol había un tesoro. Paquetes y paquetes adornados con moños y papeles. Me arrodillé para ver la colorida cosecha y una diminuta sombra zigzagueó entre los regalos.
-¡Corre!, van a elevar un globo- asomó mi papá llamándome.
-¡Aquí hay un árbol lleno de regalos!- le señalé.
-¿Regalos?- preguntó.
-Sí papi, un millón de regalos.
-Ven, no te quedes ahí- y me sacó de la mano.
Con los dedos retuve una puntica del globo mientras que de las esquinas colgaban los primos. Gritaron ¡Fi fa fu!, todos soltaron el papel de seda, pero yo, que no sabía la clave, me quedé pegada hasta que se quemó en medio de la gritería. El resto de la tarde se fue persiguiendo a los primos que volaban detrás de los globos.
En la noche, después de hacer tronar una montaña de pólvora, anunciaron la hora de los aguinaldos. Todos se adelantaron y como voladores sin palo, saltaron de silla en silla. Mi papá me tomó de la mano. Nos acomodamos en un rincón de la sala. La tía se puso las gafas. Sentada en un banquito junto al árbol, tomó un paquete y leyó: de Santiago, para Sergio. El primo despedazó el papel y apareció un robot de control remoto. Entonces, ella siguió repitiendo “de… para…” y entre aplausos, fueron y vinieron los primos con una cocinita o una retroexcavadora o una colección de vestiditos de muñeca.
Cada vez que la tía Nena tomaba un paquete, yo cruzaba los dedos. A medida que el árbol se iba desocupando sentía que la lengua llenaba el portillo entre mis dientes y se estrangulaba con las glándulas en la garganta. Al final, cuando el ahogo iba a reventar por mis ojos, la tía me miró, de la parte de atrás del árbol tomó un bultico que parecía una piña de papel rojo, y dijo:
-Para Juanita, de Nena.
Salí de la esquina y, destorciendo los dedos, recibí el regalo. Mis manos sintieron que algo palpitaba adentro, pero mi corazón borró con brincos ese temblor.
Deshice el moño, abrí el paquete y una exhalación gris surgió de un puñado de papelitos de colores. Un asqueroso ratón asaltó mis dedos, escaló mi brazo y se lanzó al árbol.
-¡Ratones!- gritó la tía Nena- ¡los malditos ratones se robaron los caramelos de la niña!
Todos corrieron despavoridos.
……
El 25, cuando desperté, vi dos regalos sobre mi cama. El Niño Dios me había traído un juego de Monopolio y una muñeca. Estaba segura: el Monopolio había sido idea de papá.
Ana María Cadavid M.
Hago enlace a los relatos de navidad de algunos amigos blogueros para que mis amigos tambien los lean.
http://cartasdemanuel.wordpress.com/relatos/en-torno-al-fuego-lech/
- Cuento chino: Tres pollos y un lechón (una historia de navidad) -
- Y después si te enojás sos una loca: La navidad del coronel -
- Anne Fatosme, Blog de relatos: Noche no tan buena -
- Eduardo Blanco: Cuento de Navidad improvisado -
- Desde tu ventana: Ventana de navidad -
- Charradetas: Oro, incienso y… mirra -
- Chrieseli: Cena para una noche buena -
- Blog de sendero: Galletas de Navidad -
- Concha Huerta: Mi regalo de Navidad -
- Pipermenta: Fantasía de Navidad -
- Testigo: Navidad a dos voces -
- Micromios: Mi papá noel -
- Zambullida: Destino -
En mi casa, en Colombia, los regalos de navidad los trae el Niño Dios.
En la mía, también!!
Un relato muy tierno sobre una niña que va descubriendo una verdad que hubiese deseado ignorar. El ratón saliendo del paquete y trepando por el brazo me ha dado un susto tremendo…como para seguir creyendo en el ratoncito Pérez! Desde luego Ana María bordas los retratos infantiles.
Un abrazo,
Mis bordados son macheteros, eso creo. Anne gracias por tu liderazgo que nos reunió en los blogs, a través de la palabra escrita, una forma bella de celebrar la navidad con nuevos amigos. Un abrazo.
[...] http://armadecasa.wordpress.com/2010/12/21/relato-de-navidad/ Esta entrada fue escrita por annefatosme, publicada en 15 diciembre 2010 a las 09:46, archivada bajo Arte, Cuentos, Fotografía, Narrativa, Relatosy etiquetadofotografía Morfi Jiménez Mercado, Morfi Jiménez Mercado, Relato de navidad. Agrega el favorito al enlace permanente. Sigue los comentarios aquí con el feed para esta entrada. Envía un comentario o deja una ruta: Trackback URL. « Pesadilla. ¡FELIZ NAVIDAD! » Like7 bloggers like this post. [...]
Lo más intenso y tenso del cuento es cuando la niña espera el regalo y salen los ratones que almorzaron los caramelos. Como siempre la sencillez y la claridad son atractivos de tu prosa. Feliz Navidad amiga y que la pases rodeada de quienes te aman… Rub
Y los ratones que le compraban los dientes ahora le roban los caramelos. Muchas revelaciones en un día. Amigo, te envio mi abrazo y mis deseos de que tambien tú estes rodeado de quienes te aman. Gracias Rub.
Ana muy bueno…, me enloquecen los buñuelos y natilla, también cuando era niño esperaba ansioso el regalo de navidad…, una vez un fuerte o fortaleza con soldaditos de plomo…
Siempre nos regalas hermosas letras.
Abrazos
Cruz del Sur
Cruz del sur, compartimos los buñuelos y la natilla y esa ilusión que nos hacia la llegada de la navidad. Allá ¿hacen globos? ¿quién trae los regalos en navidad?
Estoy curiosa.
Un abrazo de JOjojo
Me encanta la gente curiosa, Ana.
Aquí en Euskal Herria, los niños escriben sus cartas al Olentzero pidiéndole regalos que aparecen en casa en la mañana de Navidad.
La leyenda cuenta que un hada se encontró en el bosque a un niño abandonado.
Indignada por la crueldad de los seres humanos, capaces de semejante cosa, lo dio en adopción a una pareja de ancianos que lo llamaron Olentzero. El niño, al parecer, creció feliz, trabajando como carbonero, pero a la muerte de sus padres adoptivos combatió la tristeza repartiendo regalos entre los niños huérfanos y contándoles historias para alegrarlos.
Olentzero es un hombre grueso, desarrapado, manchado de carbón, de buen comer y borrachín que además fuma en pipa. Se le ha descrito como “cabezón sin inteligencia” o “puerco barrigudo”.
Murió mientras intentaba salvar a unos niños de un caserío en llamas y en recompensa por su buen corazón el hada le dio vida eterna encomendándole la tarea de repartir cada año regalos entre los niños.
Vive aislado de la sociedad dedicado a hacer carbón vegetal en el bosque y cada invierno baja de las montañas a los pueblos colándose en Nochebuena en las casas bajando por la chimenea.
Olentzero empezó dentro de las celebraciones paganas del solsticio de invierno como personificación del año que agoniza y por eso tiene este aspecto tan desaliñado. Aquí cada vez se le representa más limpio, más delgado y ya sin la pipa. Al parecer tener a un hombre que bebe, fuma y come en exceso y tiznado de carbón no parece un buen modelo de conducta para nuestros hijos ni aún habiendo sido capaz de sacrificar su vida por salvarles de las llamas.
El 6 de enero vienen los Reyes Magos, pero esa es otra historia.
Un beso, Ana.
………………………..
Quizás tenga más oportunidades, pero, por si acaso, aprovecho tu cuento de hoy para agradecerte tantos buenos ratos en tu compañía y en la de quienes también te leen. Desearte una Feliz Navidad (húmeda y sombría, lo sé. Piensa en el “Fram”) rodeada de quienes te quieren bien y haciéndotelo notar. Que tu curiosidad nunca se colme y que tus excelentes cuentos bullan y burbujeen llenos de comentarios de quienes disfrutamos esperando el siguiente.
Larga vida a este blog, Ana, que es desearte paz y ánimo para continuar con él.
Y a tus lectores y amigos que te comentan, también Feliz Navidad y un abrazo muy grande para abarcarlos a todos y a todas.
Un placer. De verdad.
Ay Joselu, me he sacado la lotería con este blog: a través de él he podido conocer gente como tú. Es lo mejor de este año, es mi ventana feliz y soleada.
Gracias a ti por enriquecer cada uno de mis cuentos (hoy con Olentzero, por ejemplo). Tener lectores completa mi escritura cerrando el circulo de las letras.
Este 24, en la fiesta de navidad, los tendré presentes y ya estoy viendo cómo me hago a una usb, una internet movil,para poder conectarme desde la finca, sino cosecharé limones y seré más juiciosa, una buena ama de casa.
La curiosidad mueve la escritura, pero el asombro la dispara. Esa chispa, que conservamos de niños, es lo que nos mueve… Entonces mi deseo para ti y para todos es ¡Qué nunca se apague la chispa!
Un abrazo grande y agradecido para ti y para los tuyos.
[...] Arma de Casa: Un pálpito en los dedos [...]
Muy interesante, Ana. Muy grata sorpresa conocer tu blog y tu trabajo a partir de la convocatoria de los relatos de Navidad. Me gustó mucho el ritmo y la fluidez de tu estilo.
Buena suerte y más que suerte!
Gracias, ya fui al tuyo y me encantó. Suerte tambien para ti y una feliz navidad.
Sencillamente, muy buen relato. Nos has regalado la posibilidad de unas fiestas distintas, con otro registro a las de nuestro Madrid. Sorprendente y progonal el desdoblamiento del papel de los ratones. Lo dicho, una delicia de cuento.
Aprovecho para mandarte mis mejores deseos para ti y los tuyps, en estas fechas y siempre. Un abrazo.
Gracias Ernesto, por fin hoy ha salido el sol y brilla y acalora deliciosamente. Se acerca el 24 y soy feliz de tener amigos como los blogueros, como tu.
Un abrazo y felicidades para ti y los tuyos.
Distintos modos y maneras de ver la navidad. En este tuyo la inocencia juega al escondite en un paquetito repleto de misterio. Me gustó.
Te deseo todo lo mejor en estas fiestas navideñas y para el resto del año.
¡Feliz navidad!
Gracias por tu lectura y mis deseos tambien para ti, de una navidad llena de sorpresas felices. Un abrazo!
muy lindo, ana, como expresas los temores y las ilusiones de esa niña que va descubriendo que las sorpresas a veces no son lo que uno espera.
saludos y feliz año,
La niña aprende y sigue aprendiendo. Celebro tu lectura. Gracias!!! Felicidades.
[...] Arma de Casa: Un pálpito en los dedos [...]
Ana, te felicito por el cuento y la manera en como lo has descrito. Pero quiero preguntarte algo. Me ha llamado la atención que escribas “atravez” en lugar de a través. Desde el primer momento me pareció que no lo creías una errata. Tanto que me dio por investigar en la red. Para mi sorpresa encontré un montón de entradas que se componían con esa palabra, hasta el verso de algún joven poeta.
He contrastado la palabra en los diccionarios y la rechazan de plano.
Me gustaría saber si pertenece a algún modo popular de hablar, o el porqué de su origen latino o de dónde sea.
Espero no te haya molestado mi curiosidad.
Te deseo una Felices Fiestas y Mejores Navidades.
Eduard, que pena… mi ortografía es horrible. La zona del cerebro que se supone, la debería almacenar, está llena de ratones y no memoriza normas. Tampoco guarda la imagen visual de las palabras, de las letras que las componen, solo ve cosas. Pero te puedo asegurar que aprendo cuando me suceden esta cosas y desde hoy cada vez que escriba a través pensaré en ti y no me equivocare en esa palabra (una menos).
Gracias por preocuparte y corregirme.
Felices fiestas tambien para ti!
Disculpa. La expresión la dices en un par de comentarios.
Los miraré para hacer las correcciones. Gracias.
Buen relato lleno de magia y realidad.
A mi me sale un ratón del regalo y del trauma me cargo a los reyes y al papá noel, si hay algo que odio son los roedores. Pero me ha gustado el enfoque del cuento.
Salut y feliz Navidad
En mi tierra tenemos un elemento “el tió” (un tronco vacío) que nos “caga regalos” el 24 por la noche, nosotros le golpeamos com un bastón mientras cantamos una canción especial y él va dejando caer los regalos. El “tió” se “recupera” mientras los niños se van a otro cuarto a cantar para que le sigan dando regalos.
Muy especial la historia del tió. Qúe bonito poder saber de las otras navidades. Gracias por tu visita y tu lectura. Mi terror es por las ratas, mas que por los ratones.
Feliz navidad para ti tambien y que el tió te de muchos regalos.
Me ha gustado mucho este cuento de una navidad imaginaria con todo tipo de lujos y sorpresas. Un abrazo
Gracias Concha y mis mejores deseos para que tus deseos sea oidos. Un abrazo fuerte…
[...] ARMA DE CASA: UN PALPITO EN LOS DEDOS [...]
Con lo simpáticos que me caen los roedores, y sin embargo éste me asustó bastante, será la frase “como una exhalación gris” (maravillosa). Me gustó mucho tu forma de contar. Seguiré pasando, no conocía el blog, como tampoco tantos otros que, gracias a esta iniciativa, tengo el placer de leer.
Felicidades!!!
Ya pase por tu cuento y me encantó tu forma de narrar. Gracias por pasar y leerme. El circulo de blogueros escritores crece.
Felices fiestas para ti y los tuyos!
Ana ! un hermoso cuento, con muchas facetas propias de la infancia, el anhelar, el desear y luego comprobar que el hechizo de la navidad y los regalos son una verdadera golosina para el espíritu infantil…me quedé pensando en esa fuerte complicidad entre el padre y la niña y la no disimulada ausencia de la madre ( bueno es que como buena “paisa”, la relacion materna siempre ha sido prioritaria). Gracias por escribir de una manera tan grata.
UNA FELIZ NAVIDAD querida escritora y un año pleno de letras.
Hola Felicidad, gracias por tu visita. La relacion de la niña con su padre es Edípica, asi lo señalaría cualquier sicologo, y yo le diria que sí, que tiene razón, que las niñas a esa edad veneramos a los padres. No se si me equivoco…. y tal vez la mamá tiene un papel secundario en este cuento.
Feliz navidad tambien para ti y un abrazo grande. Gracias por todo.
Ana, “Amiga”…, te cuento que por aquí llega Papa Noel con su trineo un poco chamuscado, después de haber recorrido parte de Latinoamérica pasar por la selva, ríos color bermejo y cruzar varias veces la cordillera custodiado por cóndores andinos, a veces también le marcan el camino algunos duendes Santiagueños para no perderse…
Es costumbre que los niños le dejen agua y pastura a los renos de Papa Noel…, así los renos ya más descansados podrán continuar el viaje y llevar el trineo lleno de regalos a las playas de Leblon, Copacabana en Río de Janeiro…, siempre bajo la mirada curiosa del Cristo Redentor…
Aquí no se acostumbra preparar globos, es muy común aunque no lo comparto utilizar mucha pirotecnia, cañitas voladoras, explosivos que rompen los tímpanos…
¡Bueno me voy! Pues Papa Noel, me solicito que vaya preparando algunas cosas y despeje el largo camino que tiene por estos lados…
Ya está avisada la torre de control del aeropuerto…, Papa Noel…, puede decender por pista nº1 cabecera sur………Cambio y fuera…
Abrazos para ti y para tu gran familia…
Cruz del Sur
Cruz, que buen relato de tu navidad. Prepara la pista para que lleguen bien, todos, a su destino. Yo tambien cooorrro hoy por ser vísperas del 24. El niño Dios no tiene problemas para aterrizar pues llega como por milagro y, ya sabes, los milagros no hay que cuestionarlos.
Un abrazo y espero que disfrutes tambien de las fiestas en compañia de tu familia.
Y ya salió el sol, desde ayer brilla y seca todo…ja
Aquí los regalos siempre los hicieron Sus Majestades los Reyes Magos de Oriente, pero últimamente el Papa Noel ése, al que le tengo cierta tirria, parece que está suplantando a nuestros queridos reyes. A ellos por la noche los niños les dejaban dulces y agua o leche para los camellos.
Lo del Niño Jesús o el Niño Dios lo sabía porque tengo una amiga colombiana, de Popayán, aunque ha vivido muchos años en Bogotá. A mí no me importaría tampoco que fuera él quien me trajera algún regalo.
¡Feliz Navidad!
P.D.: Encantada de descubrir tu blog.
Y si te lo trae Papá Noel ¿Qué harias?, de todas maneras, aunque la navidad amplía ahora sus horizontes, la de la infancia es la más verdadera.
Un abrazo de navidad y luego voy a ver el tuyo. Ahora salgo por el Niño Dios y creo que solo hasta el 25 vuelvo.
Papa Noel no puede traerme nada porque no creo en él.
Preciosa historia, Ana María, con un final tan inesperado como el roedor. Muy bien contada, además. Un abrazo y ¡muy felices fiestas! Que las musas te acompañen siempre.
Gracias por tu lectura Karen. Un abrazo y que tengas una navidad feliz, rodeada de cariño.
Ana, un relato muy bonito y muy bien construido, sencillo y palpitante. Te deseo a ti, tu familia y tus amigos, lectores, escritores o no, que disfrutéis de unas magníficas navidades. Te envío un beso grande.
Manuel, apenas ahora puedo abrir el blog (no estaba en casa) Te envio un abrazo y un beso grande y que disfrutes de estas fiestas muy feliz. Gracias por tus lecturas.
http://cartasdemanuel.wordpress.com/relatos/en-torno-al-fuego-lech/
Poco puedo decir que no hayan dicho ya. Me ha gustado, me quedo sobre todo con el ratón saliendo del paquete y la frase final de la idea de tu padre.
Saludos.
Cuando escribo me alegra dejar algo en la mente del que lee. Gracias por leer y dejarte tocar. Saludos.
Hola Ana, me faltaba el tuyo !
Pobre niña rica, un ratoncito. No es oro todo lo que reluce. Me gusta como está escrito, muy fluido. Dan ganas de seguir leyendo, te visitaré.
Feliz año !
Gracias!!! Luego miraré el tuyo, ahora salgo para la fiesta de fin de año. Felicidades tammbien para ti!!!
Yo estoy seguro que se rió. ¡Se rió de lo que yo estaba aguantando! Era demasiado. Me metía y me volvía a meter la fresa sobre el nervio. Con toda intención. Nadie me quitará esa idea de la cabeza. Me tomaba el pelo: “que si eso lo aguantaba un niño”. ¿Acaso a ustedes no les han metido nunca esas ruedecillas del demonio en una muela careada? Debieran felicitarme. Yo les aseguro que de aquí en adelante tendrán más cuidado. Quizá apreté demasiado. Pero tampoco soy responsable de que tuviese tan frágil el gaznate. Y de que se me pusiera tan a mano, tan seguro de sí, tan superior. Tan feliz
Terror a la fresa… yo tambien lo padezco, pero no he llegado a esos extremos, aun. Gracias por tu comentario, parece un cuento, apenas ahora lo pude responder. Saludos!!